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VIAJE A ROMA, SUBIACO, MONTECASINO I ASÍS
Oblatos Benedictinos de Montserrat
Día 19 de julio, lunes

El viaje de verano del año 2010 comienza el 19 de julio por la mañana al aeropuerto de Barcelona, ​​donde todo el mundo llega puntualmente para poder hacer sin prisas los trámites de facturación y embarque. Entre oblatos y simpatizantes somos cuarenta y tres, acompañados como siempre por el consiliario de los oblatos, el padre Jordi Castanyer.

Este año, la junta ha confiado la organización a una agencia, teniendo en cuenta diversas circunstancias que hacen el viaje más complejo que en años anteriores: el idioma, los desplazamientos por una gran ciudad, la contratación de guías, la coordinación de horarios para aprovechar el tiempo al máximo, la reserva de restaurantes, etc. La agencia elegida es Ruth Travel, especializada en turismo de tipo religioso y cultural, ya lo largo del viaje podremos constatar que ha sido una buena elección. En el aeropuerto de Barcelona, ​​pues, ya encontramos un empleado de la agencia que nos asesora en los trámites y nos obsequia con una práctica bolsa bandolera.

Una vez hechos los trámites y pasados ​​los controles de seguridad, nos queda un buen rato antes de embarcar, y casi todo el mundo la aprovecha para comer algo o tomar una bebida en uno de los bares de la zona de embarque de la T- 1, cómodos, luminosos y. .. carísimos! Los que no conocían la T-1 quedan sorprendidos de la amplitud y la luminosidad de todo el recinto.
El avión despega hacia la una, con más o menos una hora de retraso por problemas relacionados con los controladores aéreos. El vuelo resulta de lo más tranquilo, no hay ninguna nube, y los que se sientan junto a la ventanilla tienen ocasión de ver perfectamente la costa norte de Cerdeña. A media de aterrizamos en Fiumicino. En un punto del trayecto entre el avión y el lugar de recogida de equipajes, el padre Jordi y Faustina Fuente recuerdan que fue en ese punto donde, por un mensaje de móvil, supieron la inesperada muerte de la presidenta de los oblatos , Maria Dolors Tresserras, cuando a primeros de octubre, aún no hace un año, llegaban a Roma para participar en el II Congreso mundial de oblatos al que María Dolores también los tenía que acompañar.

Después de recoger el equipaje nos encontramos con la Francesca, una empleada de la agencia que nos acompaña autocar, hoy conducido por Vittorio, y viene con nosotros hasta la residencia Villa Aurelia, nuestro alojamiento en Roma, para facilitar hacernos los trámites. La residencia es un cuerpo lateral de un gran edificio que acoge también la casa general de la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (padres dehonians). Este complejo, rodeado por árboles frondosos, está situado en la Via Leone XIII, a un par de kilómetros del Vaticano. Como ya es un poco tarde, dejamos las maletas en recepción y vamos directamernt a comer. A través de los ventanales del comedor vemos la inconfundible cúpula de San Pedro. No hay duda que estamos en Roma! Mientras comemos llega la responsable de la agencia en Roma, Barbara, para acabar de concretar algún detalle de última hora. Estamos en buenas manos: mientras estaremos en Italia, Barbara estará al corriente de todo y nos tendrá informados de cualquier pequeño cambio que pueda haber en el programa. Después de comer distribuimos las habitaciones y nos disponemos a visitar la Roma barroca.

El autocar y en Vittorio ya nos esperan, y hacemos el conocimiento de la guía Giuliana, que habla muy bien el castellano y que durante el recorrido en autocar hasta el centro de Roma nos va dando explicaciones sobre la historia de Roma y sus monumentos , y nos hace fijar en determinados edificios, calles o plazas.
Cerca de la plaza de España dejamos el autocar y empezamos un recorrido a pie por una de las zonas más turísticas de Roma y más conocidas gracias a la prensa, el cine, la televisión ... No hace falta haber estado en Roma para identificar muchos de sus espacios, como la misma plaza de España, con el florecimiento escalinata que sube hasta la iglesia de la Trinità dei Monti. El nombre de la plaza le viene del gran palacio que ocupa parte de la banda oeste y que desde el siglo XVII alberga la embajada de España en la Santa Sede. Continuamos hacia la Fontana di Trevi, otro lugar obligado, con la monumental fuente. La guía nos hace ver que recuerda un decorado teatral, con las estatuas a modo de actores. Tenemos un rato para hacer fotos, pasear por los alrededores, sentarse en algún bar o comprar souvenirs.

Retomamos el paseo hacia el Panteón, un edificio circular del siglo II, con una enorme cúpula, la de mayor diámetro de Roma. Admiramos el edificio desde fuera y la guía nos aconseja volver otro día si tenemos un rato libre. Ante el Panteón nos encontramos con el padre Valentín Tenas, monje de Montserrat que hace unos años reside en Roma, no muy lejos de donde estamos. No ha sido un encuentro casual: el padre Jordi le ha llamado para hacerle saber por donde nos movíamos.
Acabamos la visita a la plaza Navona, con las tres fuentes que la caracterizan, la más conocida de las cuales es la de los Cuatro Ríos-Danubio, Nilo, Ganges y Río de la Plata-, construida por Bernini, autor también de la columnata de la plaza de San Pedro del Vaticano. La plaza ocupa el lugar de un estadio de la época imperial, lo que se adivina en la forma, mucho más larga que ancha. Y todavía quedan algunos restos en el subsuelo. La Giuliana, la guía, nos hizo notar que Roma es una ciudad donde todo se aprovecha, y las piedras de un templo pagano de hace más de dos mil años han servido de paredes de un palacio medieval y quizá más tarde de una iglesia del Renacimiento.
No muy lejos de la plaza Navona nos espera el autocar, nos despedimos de la Giuliana, que reencontraremos viernes, y hacia Villa Aurelia falta gente! Después de cenar, y como hará cada noche, el padre Jordi nos indica los horarios de la mañana, porque todo el mundo se organice para ser puntual cuando nos venga a recoger el autocar.

Día 20 de julio, martes

Los que se alojan en la primera planta se despiertan en cuartos de 6 con el que, con sentido del humor, se puede calificar de "diana floreada", que algún diccionario define como "toque de diana ejecutado con notas de adorno ". En este caso sería "con nota de adorno", ya que no hay mucha variación melódica: se trata de una alarma fuerza escandalosa, como toda alarma digna de este nombre. Más de uno sale al pasillo, se avisa a recepción, el personal de la residencia dice que se trata de la alarma de incendio y comprueba que no pasa nada grave. Parece que algún sensor ha detectado humo, posiblemente de tabaco. Y aquí se acaba la aventura.

Hoy visitaremos el Coliseo, la plaza del Capitolio y dos de las basílicas mayores: San Juan de Letrán y Santa María la Mayor. Antes de desayunar celebramos las Laudes y la Eucaristía en la capilla de Villa Aurelia y, al empezar la celebración, el padre Jordi comunica la muerte del oblata Adela Riera, en el Cielo sea. En ¾ de 9 tocados salimos en autocar hacia el Coliseo. Tenemos otro conductor, en Ruggero, y otro guía, Mario, que, como la Giuliana, habla muy bien el castellano y, como la Giuliana, durante el recorrido nos va explicando detalles de los lugares por donde pasamos. Por ejemplo: la plaza Venecia, con el monumental y desproporcionado monumento al rey Víctor Manuel II, y el Foro Trajano, presidido por la conocida Columna Trajana, con los bajorrelieves en espiral que conmemoran las victorias del emperador que le da nombre.

Al llegar al Coliseo dejamos el autocar y, sin tener que hacer cola, porque en Mario hace las gestiones para entrar como grupo, hacemos una detenida visita al recinto, el antiguo anfiteatro donde hace casi dos mil años se celebraban todo tipo de espectáculos: combates entre gladiadores, entre hombres y animales salvajes, recreaciones de batallas famosas y representaciones teatrales. Aunque no están documentadas, es probable que hubiera habido ejecuciones de condenados a muerte, y tal vez fueron martirizados algunos cristianos. En todo caso, en el siglo XVII se empezó a considerar el Coliseo un lugar sagrado, ligado a los mártires, y eso le salvó de la destrucción total, ya que, hasta entonces, los edificios de la Roma antigua habían salido las piedras para construir la Roma medieval y renacentista. Desde el último piso tenemos una magnífica visión de todo el anfiteatro, desde las gradas de arriba de todo hasta los sótanos. Desde hace unos años hay una sencilla cruz de madera en la primera fila de gradas, y junto a esta cruz termina cada Viernes Santo el Vía Crucis presidido por el Santo Padre.

Acabada la visita al Coliseo, algunos del grupo deciden ir directamente en taxi al restaurante donde comeremos. Los otros vamos a pie hacia el Capitolio bordeando el Foro Romano, que nos queda a la izquierda. Mario nos va explicando qué son algunos de los vestigios que contemplamos: templos dedicados a diversas divinidades y edificios civiles, entre los que destaca por su buena conservación el Senado, donde Cicerón pronunciaba aquellos discursos que un día u otro han tenido que traducir los estudiantes de latín. Nos enfilamos hacia la plaza del Capitolio, el punto más alto de uno de los siete colinas de Roma. Antes de llegar hacemos un último vistazo al Foro Romano, que ahora vemos desde arriba, y nos podemos hacer cargo de su extensión, hasta el Coliseo, de dónde venimos y que vemos al fondo. Enseguida llegamos a la plaza del Capitolio, magnífica: no puede ser de otra manera si pensamos que la diseñó Miguel Ángel en todos los detalles. Cada uno de los tres lados edificados lo ocupa un palacio: el del centro es el ayuntamiento de Roma y los otros dos acogen las diversas secciones de los Museos Capitolinos. Del cuarto lado, un espléndido mirador sobre el centro de Roma y hacia el Vaticano, sale una amplísima rampa escalonada que lleva al pie del cerro. Miguel Ángel situó en esta plaza la estatua ecuestre del emperador Marco Aurelio, el centro de un pavimento geométrico que nos resulta muy familiar, no es extraño: el pavimento del atrio de Montserrat está inspirado.

Bajamos por la rampa y muy cerca nos espera el autocar y nos despedimos del guía Mario, que reencontraremos sábado. En las visitas de la tarde nos hará de guía el padre Jordi mismo. Vamos a comer Hostia Cannavota, junto a San Juan de Letrán. Dina con nosotros Barbara, la directora de la agencia en Roma, siempre pendiente de que todo esté como debe. El restaurante es agradable y luminoso, los platos son abundantes y, como vamos bien de tiempo, tenemos un buen rato para rehacernos de la caminata de la mañana.
Después de comer atravesamos la calle y llegamos a una gran explanada presidida por la fachada principal de San Juan. Hemos dejado a la izquierda el santuario de la Scala Santa, que conserva la escala de una treintena de escalones que los devotos suben de rodillas en señal de respeto, ya que la tradición quiere que sean los escalones del Pretorio de Jerusalén, por donde Jesús pasó cuando lo presentaron a Pilato y que santa Elena habría llevado a Roma.

Antes de entrar en la basílica de Letrán, el padre Jordi nos comenta algunos aspectos históricos y artísticos que nos ayudarán durante la visita, y nos recuerda que este templo es la catedral de Roma, es decir, la sede del Santo Padre en tanto que obispo de Roma. De hecho, los papas residieron durante siglos el palacio anexo a la basílica. La iglesia es amplísima, de cinco naves, y con una decoración muy rica: mosaicos, relieves, esculturas, mármoles ... y en un lugar casi escondido, en una nave lateral y protegido por un cristal, un fragmento de fresco atribuido a Giotto.
Terminada la visita nos trasladamos en autocar a Santa María la Mayor, con su característico campanario románico. En Roma hay muchas cúpulas y muy pocos campanarios, y el de Santa María es el más alto de la ciudad. El interior, de tres naves, tiene, como hemos visto en Letrán, una decoración muy rica, muestra de las diversas modificaciones del edificio a lo largo de los siglos. En una suntuosa capilla de la nave izquierda cuesta ver un pequeño icono bizantina con la imagen de la Virgen y el Niño. Una tradición sin fundamento histórico atribuye a San Lucas esta pintura, muy querida por los romanos y conocida con el nombre de Salus populi romani.

Volvemos a Villa Aurelia con autocar y tenemos exactamente una hora libre antes de cenar. Se añade al grupo la Serafina Poch, que vendrá a la salida de mañana. La cena de hoy acaba con un postre especial: un pastel con velas para felicitar a Sebastià Anguera y Montserrat Martorell, que este año celebran las bodas de oro matrimoniales. Ha sido una buena manera de completar un día que había empezado con una alarma de fuego. Por suerte, las velas del pastel no hacen disparar ninguna alarma!

Día 21 de julio, miércoles

Desayunamos muy temprano y con el autocar conducido por Ruggero emprendemos el camino de Subiaco, a unos 80 km, y rezamos las Laudes una vez somos autopista. Durante el trayecto, y para irnos preparando para la visita a los lugares que conoceremos hoy, el padre Jordi nos lee fragmentos de los Diálogos de san Gregorio, concretamente del segundo libro, dedicado a san Benito. Nos lee la traducción del padre Bernabé Dalmau (Benedicto, el hombre de Dios, Publicaciones de la Abadía de Montserrat, 1997). Vamos hacia levante y, poco después de dejar la llanura costera más o menos ondulada donde se encuentra la gran conurbación de Roma, el paisaje se empieza a hacer montañoso y boscoso, con encinares que recuerdan mucho los de nuestra tierra. Cuando dejamos la autopista, una carretera con bastantes curvas, pero ancha y en buen estado, nos lleva hasta Subiaco. Atravesamos el pueblo y, un poco más allá del monasterio de Santa Escolástica, subimos por una carretera estrecha y con alguna curva muy pronunciada hasta cerca del monasterio de Sant Benet, también conocido por Il Sacro Speco (la Santa Cueva). Hacemos a pie un camino en ligera subida que nos lleva en pocos minutos al monasterio. La situación del edificio, adosado a unas rocas muy altas y con una plazoleta delante, excelente mirador sobre la otra vertiente del valle, totalmente cubierto de encinas, recuerda poco o muy Montserrat, salvando todas las distancias de dimensiones y estilos arquitectónicos.

El monje que nos recibe nos presenta la Cecilia, la guía, que nos acompañará en la visita al monasterio y nos hará unas explicaciones interesantísimas, en castellano. El interior del edificio es un auténtico laberinto, con varios niveles, escaleras y pasillos, y con la roca desnuda presente en muchas de las estancias. Admiramos la gran cantidad de frescos medievales que adornan paredes y techos, y los mosaicos de dibujos geométricos de los pavimentos. Uno de los frescos que vale la pena remarcar es lo que representa San Francisco de Asís, que se considera la primera imagen del santo, pintada cuando aún vivía. No muy lejos de este fresco se encuentra la cueva que da nombre al monasterio, la cueva donde san Benito vivió tres años con la ayuda de un monje que le hacía llegar el alimento mediante una cesta descolgado con una cuerda desde las rocas. En la cueva hay un grupo escultórico del siglo XVII que nos presenta un Benedicto joven, en actitud de oración ante la Cruz, y, un poco allá, la cesta de los alimentos. En una capilla que queda fuera del itinerario de los otros visitantes celebramos la Eucaristía, emocionados de estar en un lugar tan significativo en la vida de san Benito, que en este valle llegó a fundar hasta doce monasterios. Es dentro la Eucaristía que, con el canto del "Recibid, Señor ,..." y en comunión con todos los oblatos de Montserrat, hacemos la renovación de la oblación benedictina.

Después de comprar recuerdos, postales o libros y de hacer alguna foto bajamos en autocar hasta la Foresteria del monasterio de Santa Escolástica, donde comemos. Los monjes de este monasterio-que no visitamos-y los del Sacro Speco forman una sola comunidad. La mayoría residen en Santa Escolástica y sólo 4 o 5 en Sant Benet. Durante la comida a la Foresteria, que es el equivalente del hostal Abat Cisneros de Montserrat, viene a saludarnos el padre Bernardo, enterado de que hay un grupo de oblatos.
Reanudamos el viaje. Nos espera un largo trayecto de más de 100 km hasta Montecassino, durante el cual el padre Jordi sigue leyendo hacernos fragmentos de los Diálogos de san Gregorio. Vamos por carreteras secundarias, siempre entre montañas boscosas, en una zona de aguas termales, y pasamos por un par de poblaciones de veraneo, con chalets, hoteles y balnearios, antes de ascender hasta un collado a más de mil metros de altitud. Superado este puerto y ya de bajada, el panorama se va abriendo. No tardamos en ver negrura delante nuestro, e incluso algún relámpago. A ver si tendremos lluvia ... Pronto vemos la abadía de Montecassino, un edificio enorme y blanco que destaca en lo alto de una elevación en medio de la llanura. Lo que vemos hoy es la reconstrucción hecha después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Montecassino sufrió un bombardeo que lo destruyó casi por completo. Después de atravesar la ciudad de Cassino, la carretera sube y sube. En el corto trayecto que va del parking a la entrada del monasterio empieza a llover y, cuando no hace mucho que estamos en refugio, la tormenta se hace intensísima, con unos rayos que-por la intensidad de cada en-no deben caer muy lejos .

Nos atiende la guía María Teresa y empezamos la visita por la parte más antigua, donde se conserva la celda donde murió san Benito, descubierta a raíz de unas excavaciones hechas hace unos 60 años, cuando se reconstruía la abadía. Continuamos por los tres claustros, renacentistas. En el segundo hay un balcón desde donde se ve un cementerio presidido por una cruz y una bandera de Polonia, con las tumbas de un millar de soldados polacos que en 1944 participaron en la batalla de Montecassino. Para ir del segundo claustro al tercero no hay más camino que una escalinata al aire libre, y la guía nos sugiere esperar que no llueva tanto y aprovechar para entrar en la tienda de recuerdos. Las compras deben hacerse casi a oscuras porque debido a la tormenta se ha ido la electricidad. Al salir de la tienda ya no llueve tanto, subimos hacia el tercer claustro y entramos a la iglesia. Construida en el siglo XVII, es muy grande, con mármoles, dorados, frescos, cuadros de grandes dimensiones ... y la guía nos comenta que sólo una pequeña parte de lo que vemos es original. El resto aún no tiene 65 años, pero tras la Guerra Mundial se decidió reconstruir Montecassino tal como era antes del bombardeo. En detrás del altar mayor y el lugar que Benedicto mismo dispuso, está la urna donde reposan él y su hermana Escolástica, con quien tan unido había sido en vida. Hacemos una oración, volvemos a cantar el "Recibid, Señor ,..." y damos por terminada la visita a Montecassino. La tarde es bien serena, tras la tormenta de verano de hace un rato.

En el autocar, de camino hacia Roma, rezamos Vísperas. Al cabo de un par de horas de viaje llegamos a Villa Aurelia y enseguida vamos a cenar, cansados ​​de una excursión que ha sido larga y densa, pero contentos de haber respirado ambientes tan benedictinos.

Día 22 de julio, jueves

Después de desayunar y antes de subir al autocar hacemos una foto de grupo, con la Serafina Poch, que hoy vuelve a Barcelona. Emprendemos el viaje hacia Asís, a unos 180 km. Al volante, en Vittorio, que será nuestro conductor hasta el final de su estancia en Italia. Como ayer, una vez somos autopista rezamos las Laudes. Hoy, el paisaje es muy distinto del que veíamos yendo a Subiaco, aunque también pasamos por lugares muy frondosos, pero las encinas de ayer son hoy árboles de ribera. No es extraño: durante la mayor parte del trayecto vamos remontando el curso del Tíber, que atravesamos varias veces, y ahora lo tenemos a la derecha, ahora la izquierda, cada vez más estrecho. El panorama está abierto y la vista llega lejos: estamos en una llanura ondulada, con viñas, algún olivo, algún campo segado, con las gavillas a punto de llevar al granero ... En resumen, un paisaje que nos es muy familiar. Durante el trayecto, el padre Jordi ha leído fragmentos del libro Load y bendecid. Oraciones de San Francisco de Asís, preparado por el franciscano Luigi Perugino (trad. catalana, Éditions du Signo, 2009).

Llegamos a Santa Maria degli Angeli, un pueblo al pie de la ciudad de Asís, y nos espera Meritxell, una catalana que vive aquí y que será nuestra guía. Entramos en la gran iglesia que da nombre al pueblo y que contiene la pequeña iglesia llamada la Porciúncula ("pequeña porción") que Francisco de Asís reconstruyó obedeciendo una voz que le animaba a "rehacer la iglesia". Aquella capilla era muy querida por Francesc, hasta el punto que él y sus primeros compañeros se establecieron en las cercanías, y aquí hizo los votos monásticos santa Clara. La Porciúncula es una pequeña maravilla que hoy podemos admirar tal como era cuando Francisco la reconstruyó. Dentro de la gran basílica de los Ángeles se encuentra también la Capilla del Tránsito, la celda donde murió San Francisco. Y también visitamos el Jardín de las Rosas, con un rosal sin espinas que sólo crece en este jardín.
Con el autocar hacemos los 3 o 4 km que nos separan de Asís y vamos directamente a la basílica de San Francisco, formada por dos iglesias superpuestas. Entramos por la inferior y un sacristán nos indica que tenemos asignada la espaciosa capilla de Santa Catalina para celebrar la Eucaristía. Terminada la misa tenemos un buen rato para admirar los frescos de Cimabue, Giotto y otros artistas, que cubren una gran parte de las paredes tanto de la iglesia inferior como de la superior. También visitamos la capilla de las Reliquias, entre las que se conservan el hábito del Santo y el documento original de la regla franciscana.

Salimos explanada de delante de la basílica de San Francisco y nos dirigimos, la mayoría a pie, en el restaurante Il Frantoio. No está lejos, pero las calles son empedradas y con desniveles, y algunos optan por ir en taxi. Nos despedimos de Meritxell, que por un imprevisto familiar no nos podrá acompañar por la tarde. Cuando estamos en el restaurante nos damos cuenta de que faltan tres o cuatro miembros del grupo que se habrán despistado al salir de la iglesia. Alguien hasta la explanada y afortunadamente no tarda en encontrarlos. Como Asís es una ciudad situada en la ladera de una montaña, desde las ventanas del restaurante hay una amplia panorámica sobre las casas y las calles de más abajo, hasta la llanura, con el núcleo de Santa María degli Angeli, donde hemos estado por la mañana.

Después de comer, con la guía María Luisa, asturiana, subimos en autocar hasta la iglesia de Santa Clara, del mismo estilo que la de San Francisco, y también con frescos en la bóveda y en algunas capillas. En una de las capillas podemos ver el Cristo de San Damián, del siglo XII, una cruz pintada al estilo de los iconos bizantinos, como muchas otras crees que se pintaron en la misma época el centro de Italia. San Francisco oraba ante este crucifijo, que entonces era la iglesia de San Damián, cuando oyó aquella voz que le animaba a rehacer la iglesia. En Santa Clara también se conserva el cuerpo incorrupto de la santa, en una urna de cristal.

Terminada la visita tenemos un rato para hacer fotos, sentarse en un bar, comprar recuerdos o contemplar la vista-estamos en una de las partes más altas de la ciudad-mientras el padre Jorge y Juan González van a hacer una gestión a la policía , concretamente a poner una denuncia! La cuestión es que el martes, tras la visita al Coliseo, Juan se dio cuenta de que le habían tomado la cartera y, debido a los peculiares horarios de las comisarías de Roma, hasta hoy no ha sido posible hacer este trámite. Cuando vuelven emprendemos el camino hacia Roma y, durante el viaje, el padre Jordi nos cuenta que el carabiniere que los ha atendido le deben haber caído bien aquellos dos catalanes que le han animado la tarde, hasta el punto que les ha regalado un libro fuerza voluminoso con fotos antiguas de Asís. Antes de llegar a Roma rezamos Vísperas y, una vez en Villa Aurelia, cenamos sin esperar mucho, que mañana tenemos que levantarnos temprano para ser antes de las 8 en San Pedro del Vaticano.

Día 23 de julio, viernes

Después del desayuno, el autocar nos acerca al Vaticano y nos deja en la Via della Conciliazione, la gran avenida de medio kilómetro que conecta el castillo de Sant'Angelo y la plaza de San Pedro. Es una avenida moderna, de la primera mitad del siglo XX, inaugurada en 1950 con motivo del año jubilar. Atravesamos, sin entretenernos, la gran plaza y entramos a San Pedro, donde nos indican el lugar de la cripta de los Papas que tenemos asignado para celebrar Laudes y Eucaristía: la capilla más cercana al sepulcro de san Pedro. La cripta es, de hecho, lo que queda de la primitiva basílica construida por Constantino en el lugar donde se veneraba la tumba del Apóstol. Y aunque se llama cripta de los Papas porque muchos pontífices están enterrados, también están las tumbas de cardenales, reyes, reinas ... Así como los textos de la Eucaristía en Subiaco fueron los propios de la misa de san Benito y Asís los propios de san Francisco, hoy, ante la tumba de san Pedro, no sólo hemos hecho los que le son propios sino que, a pesar Fue un día de cada día, hemos recitado, bueno y sintiéndonos en profunda comunión eclesial, el Credo: "... y en la Iglesia, santa, católica y apostólica ...".

Después de la misa salimos a la plaza de San Pedro, donde nos espera la guía Giuliana, que el lunes nos acompañó en el paseo a pie por la Roma barroca. También a pie vamos ahora hasta la entrada a los Museos Vaticanos. En el vestíbulo, y mientras esperamos que la guía recoja las entradas, reencontramos una de las componentes del grupo que se había separado inadvertidamente, en medio de toda la gente que había en la basílica y la plaza de San Pedro. Una vez la guía tiene las entradas y antes de comenzar la visita, hacemos lo que la Giuliana llama "parada humana", una breve pausa en la cafetería, modernísima. De hecho, toda la parte de servicios (información, guardarropa, cafetería, aseos, ascensores y rampas, tienda ...) se hizo nueva en 2000, con motivo del jubileo y pensando en la avalancha de visitantes que se preveía .

Hecha la "parada humana" vamos hacia la Capilla Sixtina. No está previsto visitar ninguna otra parte de los Museos, pero tenemos que pasar por fuerza por la larguísima Galería de los Mapas -120 metros! -, Con unos frescos del siglo XVI que cubren las paredes y que representan todas las regiones de Italia, de Sicilia los Alpes, al este a un lado oeste otra, de manera que a medida que avanzamos por la galería es como si recorreguéssim de punta a punta los Apeninos y fuéramos viendo toda Italia. Al final de la galería, bajamos por una escalera estrecha hasta la Capilla Sixtina, donde hay una multitud tan grande que en cierto modo impide contemplar con comodidad esa maravilla del arte universal. Sin embargo no podemos dejar de admirar aquellos frescos, principalmente los de Miguel Ángel-que a la vuelta pintó la Creación, hasta el Diluvio Universal, y en la pared del altar el Juicio Final-, pero también los de otros pintores , que decoraron las paredes laterales con escenas de la vida de Moisés y de la vida de Jesús.

Saliendo de la Capilla Sixtina bajamos por la Escala Regia hacia la basílica de San Pedro, donde ya habíamos estado a primera hora de la mañana. Ahora podemos estar un rato más, escuchando las explicaciones de la Giuliana y contemplando el interior de la cúpula, el baldaquín aguantado por columnas salomónicas, el altar mayor, las naves, las esculturas, entre las que destaca la Piedad de Miguel Ángel ... La Giuliana también nos indica dónde están las urnas que contienen los cuerpos de dos papas del último siglo, San Pío X y el beato Juan XXIII, que inicialmente habían sido sepultados en la cripta de los Papas y que fueron trasladados a la basílica cuando fueron beatificados-en 1951 y 2000 respectivamente-, porque a muchos devotos que los veneran les fuera más fácil acceder.

Dejamos la basílica y la plaza de San Pedro nos despedimos de la Giuliana, a quien agradecemos las interesantes explicaciones de lunes y hoy y que nos indica el camino para ir al restaurante Il Ciociara, en la Vía Barletta, que no es muy lejos y vamos a pie. No es luminoso, como los restaurantes donde hemos comido los tres últimos días, sino que está situado en un semisótano, posiblemente una antigua bodega o almacén, pero es muy confortable y hay comemos de primera. La Barbara, la directora de la agencia, pasa un momento a terminar de ligar algún trámite; realmente, ha estado pendiente que todo funcionara durante todo el viaje.

Tarde libre hasta las 7, si queremos ir a Villa Aurelia con el autocar, que será al mismo punto de la Via della Conciliazione donde nos ha dejado antes de las 8 de la mañana. Algunos deciden volver a la residencia enseguida, por sus medios. Algunos de nuevo a la basílica y la plaza de San Pedro. Y algunos van a pie o en taxi hacia el Panteón y alrededores. Lunes, en el paseo a pie por el centro de Roma, lo habíamos encontrado cerrado y ahora es la ocasión de hacer una visita detenida, que no decepciona a nadie. Terminada la tarde libre, todos nos reencontramos en Villa Aurelia para cenar por última vez.

Día 24 de julio, sábado

Rezamos Laudes en la capilla de Villa Aurelia y después de desayunar nos espera el autocar, que nos llevará a diversos lugares relacionados con San Pablo. Poco después de dejar la residencia se añade al grupo en Mario, el guía que el martes nos acompañó en el Coliseo y el Capitolio. Empezamos por el Aventino, una de las colinas de la ciudad, donde hay-y pasamos muy cerca-el Colegio y Abadía de San Anselmo, de la orden benedictina, donde a partir de octubre residirá para continuar los estudios el hermano Ángel Pons, monje de Montserrat e hijo de una de las componentes de nuestro grupo, Pepita Creus. Antes de llegar al'Aventino nos desviamos un poco para dar una vuelta entera a las Termas de Caracalla, que no tenemos previsto visitar, y así las podemos ver desde el autocar y hacernos una idea de sus dimensiones. A pie por unas calles muy tranquilos, residenciales, llegamos a la iglesia de Santa Prisca o Priscila, edificada en el siglo IV o V en el lugar donde había habido la casa de los esposos Aquila y Priscila, colaboradores y benefactores de paz desde que la habían conocido en Corinto y que posiblemente lo acogieron en esta casa de Roma. La iglesia que vemos hoy es del siglo XVII. Del primer templo sólo quedan unas columnas, y también se conserva una pila bautismal donde según la leyenda San Pedro bautizó Priscila. Además, en unas excavaciones hechas hace unos ochenta años en la cripta, se encontró un Mitreo, un lugar de culto del dios Mitra, de los mejor conservados en Roma.

Rehacemos el camino hasta el pie del Aventino y con el autocar nos dirigimos hasta uno de los extremos de la Vía Giulia, que recorremos caminando casi de punta a punta. Es una calle tranquila, con poco tráfico-quizás porque hoy es sábado-, que había sido la calle más importante de la Roma del siglo XVI y que conserva los palacios que construyeron las familias más poderosas de la época, por ejemplo el Palazzo Farnese, con fachada a la vecina plaza Farnese y que hoy es la sede de la embajada de Francia ante el gobierno italiano. Cerca de este palacio encontramos la iglesia de San Paolo alla Regola, construida sobre la casa donde San Pablo vivió dos años en "arresto domiciliario", según nos cuenta el último capítulo de los Hechos de los Apóstoles, y donde podía trabajar y predicar . La iglesia actual es de los siglos XVII y XVIII, pero conserva un fresco del XIV que representa a María amamantando Jesús.

Otra vez al autocar, para ir a comer al restaurante Lo Convento, en la Vía Ostiense, cerca de dos de los lugares donde iremos por la tarde: la basílica de San Pablo Extramuros y las catacumbas de San Sebastián. Todo yendo atravesamos una puerta de las murallas-vamos "extramuros", fuera de la muralla-y junto vemos la pirámide Cestia, del siglo I antes de Cristo, que se hizo construir un patricio romano que posiblemente había viajado a Egipto. En el restaurante nos han preparado las mesas al aire libre, bajo un cobertizo, y pasamos un rato muy agradable y reparadora: quien más quien menos agradece el descanso y la comida, muy abundante. Por la tarde, el autocar nos lleva primero a las catacumbas, que visitamos con una guía oficial del sitio que nos hace unas explicaciones muy interesantes, y después en San Pablo Extramuros, la única de las cuatro basílicas mayores que aún no habíamos visto . De esta basílica, donde se venera el sepulcro de san Pablo, en cuidan desde hace 1.300 años los monjes de la abadía benedictina que hay al lado. Antes de visitar la basílica celebramos la Eucaristía-hoy, claro, con textos propios de la celebración paulina-en la capilla de San Benito, presidida por una gran imagen sedente del santo, una escultura del siglo XIX. Según nos comenta el guía Mario, casi toda la basílica es del siglo XIX, ya que en 1823 quedó muy destruida por un incendio y fue reconstruida fielmente, tanto en la estructura como en la decoración, con una gran cantidad de mosaicos. Cuando nos disponemos a salir sentimos y vemos los monjes que comienzan a cantar Vísperas, a una hora a la que no estamos acostumbrados: las 5.

Volvemos al autocar, que nos lleva al Trastevere. Pasaremos el resto de la tarde y cenaremos. Es uno de los barrios más populares y animados de Roma, con calles estrechas, rincones pintorescos y muchos bares y restaurantes donde se reúnen tanto los romanos como los forasteros. Mario nos acompaña desde el lugar donde dejamos el autocar hasta el restaurante Il Galeone, donde más tarde cenaremos, en la plaza de San Cosimato. Antes de despedir nos en le agradecemos sus excelentes servicios de guía y él nos obsequia con los tres versos finales de un soneto de Quevedo sobre Roma: ¡Oh Roma! En ti grandeza, en ti hermosura, / huyó lo que era firmo, y solamente / lo fugitivo permanece y dura. En castellano nos ha hecho de guía, y en castellano ha elegido el poema para decirnos adiós, a modo de delicadeza. Excusa por no poder hablar catalán, y evidentemente le aceptamos la buena voluntad.

Uno de los lugares más interesantes del barrio es la iglesia de Santa María in Trastevere, de las más antiguas y más bonitas de Roma, con un campanario románico y unos mosaicos magníficos de los siglos XII y XIII, tanto en la fachada como en el interior. Representan escenas de la vida de la Virgen, y el mosaico central del ábside en muestra la Coronación. En este templo se reúne la comunidad de San Egidio, nacida hace más de 40 años la iglesia dedicada a este santo, en el mismo barrio del Trastevere, no muy lejos de donde estamos. Delante de la iglesia de Santa María hay una plaza bastante grande con una fuente en medio, y sin coches, ya que es zona peatonal, como la mayor parte del barrio. A un lado de la plaza han montado un escenario, y unos músicos están ensayando. Seguramente la noche habrá una fiesta popular, como tantas plazas mediterráneas en noches de verano.

Haciendo tiempo para ir a cenar, algunos aprovechan para llegar hasta el río, que estos días hemos atravesado tantas veces en los trayectos en autocar y que tenemos a unos diez minutos, a buen paso. En la otra orilla está la Roma señorial, la de los césares que construyeron el Coliseo, la de las poderosas familias del Renacimiento que vivían en grandes palacios, la de aquellos que los barrios populares del otro lado del río van decir Trastevere, es decir, "más allá del Tíber". Podemos decir que nos hemos hecho una idea bastante aproximada de las diversas caras de Roma.
Y llega la hora de cenar, en Il Galeone, con un menú especial, de despedida. Entre todos tratamos de descubrir cuál debe ser ese pescado tan bueno que los camareros llaman Spigol. Más tarde, con la ayuda del diccionario, comprobamos que han acertado los que han dicho que era lubina. Los diversos espacios del restaurante están decorados con reproducciones de cuadros de Caravaggio, con motivo del cuarto centenario de la muerte del pintor, que procede estos días. Justamente en el museo de Montserrat se puede admirar un magnífico aceite de este artista, San Jerónimo meditando. Salimos del restaurante y, para completar las muchas maravillas naturales y artísticas que hemos visto estos días, la noche nos obsequia con una luminosa luna que casi hace el pleno.
Con el autocar llegamos a Villa Aurelia, donde nos disponemos a pasar la última noche del viaje.

Día 25 de julio, domingo

Empezamos el día celebrando las Laudes y la Eucaristía en la capilla de la residencia. Después vamos a desayunar y terminar el equipaje. A la hora convenida nos espera el autocar, puntual como siempre, y acompañados por un empleado de la agencia nos trasladamos al aeropuerto. Los trámites de facturación y control de seguridad son rápidos y nos queda un buen rato para sentarse y descansar, curiosear, leer o hacer alguna compra de última hora. Embarcamos muy puntualmente, y cuando ya tenemos cordados los cinturones y apagados los móviles nos dicen que todavía no salimos, por una cuestión de seguridad: se han tenido que sacar de la bodega del avión las maletas de dos personas que las han facturado pero que no han embarcado. Finalmente nos elevamos, con casi una hora de retraso. El vuelo es tranquilo como el de ida, pero queremos mucho rato por encima o por medio de nieblas, de manera que no vemos ni mar ni tierra hasta que estamos en el borde de El Prat. Como compañeros de vuelo tenemos una veintena de chicos y chicas del equipo de atletismo italiano, que van a Barcelona para participar en los campeonatos europeos que se celebrarán a partir de mañana.

Llegamos al aeropuerto y mientras recogemos maletas nos despedimos unos de otros y celebramos que el viaje haya resultado tan agradable y haya sido tan bien organizado. En guardaremos un buen recuerdo, y lo agradecemos de verdad a la junta de los oblatos.

Y damos gracias a Dios. Hasta la vista.