
“¿Y por qué este año no visitáis Croacia?”, me propuso Mónica, directora de Ruth Travel. “¿Croacia?. ¿Y qué se nos ha perdido allí?”, respondí yo.
La verdad era que no estaba muy seguro de que mis feligreses sintieran atracción por este destino para nuestro viaje de verano. Tal vez aún tuvieran en sus mentes las imágenes de la pasada guerra civil que asoló el país, me preguntaba a mí mismo; o no vean nada especialmente atrayente en visitar un país del Mediterráneo, relativamente cercano al nuestro; o teman el calor que en verano debe hacer allí, o…
Con muchas reservas, y quedándome a la expectativa, acabé aceptando la sugerencia que Mónica, muy sutilmente, presento ante mí… “Como no salga bien la propuesta, este año no habrá viaje de verano así que… tú misma…”, fueron mis últimas palabras antes de comenzar la planificación del viaje.
Al final se inscribieron 43 personas... La señora directora de Ruth Travel me miraba con su sonrisa entre sarcástica y burlona cuando coincidimos en el autobús del Sr. Marino que nos trasladaba al aeropuerto para partir hacia Zagreb: “Es que todos los hombres sois iguales”…
Y la verdad es que el viaje no nos decepcionó en absoluto. Croacia es una perla del Mediterráneo todavía poco conocida y valorada, lo cual la hace aún más maravillosa porque no ha sufrido las consecuencias perniciosas del turismo en masa. Sus paisajes son de una belleza indescriptible y conmovedora, con unas costas vírgenes que ya las querríamos para nosotros. Sus aguas parecen de cristal, por su escrupulosa transparencia; y las pequeñas bahías y ensenadas, de atmósfera íntima y recogida, decoradas con las multicolores barcas de pescadores y las fachadas de sus coquetas casitas, se multiplican con generosidad haciendo realidad un paisaje idílico que ya creíamos perdido en nuestros días…
Con Croacia nos ha pasado lo que con el buen café: es después de tomarlo cuando sus mejores notas afloran a nuestros sentidos y conquistan nuestra memoria. Hablar de Croacia es evocar en nuestros espíritus su luminosidad mediterránea, intensa y seductora; sus azules: el armonioso contraste entre su nítido cielo celeste y sus cristalinas aguas de múltiples tonos; el intenso verde de sus bosques; la tranquilidad de sus gentes; los apetitosos aromas de su rica gastronomía; la riqueza de su generoso patrimonio cultural, enriquecido a lo largo de los siglos por la presencia de griegos, romanos, venecianos, franceses, turcos, centroeuropeos, eslavos,…; la calidez intimista de sus anaranjados atardeceres a lo “Martini” (¿recuerdan eso de “Un Martini te invita a vivir?”), arropados siempre por las envolventes notas musicales de sus bohemios artistas callejeros, que amenizan el vermut o la cena que nativos o turistas degustan mientras disfrutan de la refrescante brisa marina …
Split, Trogir, Solin, Plitvice, Móstar, Medjugorje, Duvrovnik, Kotor, Korcula … ciudades maravillosas y con mucha personalidad que, generosas, ofrecen a sus huéspedes, desinhibidas, sus mejores tesoros e inoculan en sus almas la nostalgia de volver a visitarlas algún día.
Agradezco una vez más a Ruth Travel su profesionalidad y los medios que ha puesto a nuestra disposición para que mis feligreses hayan podido disfrutar plenamente de su viaje y hecho de él algo “mágico”.
Con afecto, P. Fermín Delgado, OM