Soy sacerdote, de Llinars del Vallés, de la Diócesis de Terrassa (Barcelona). Me daba miedo ir a Tierra Santa. No por los rumores de guerras, sino por llevarme un desencanto con los “Lugares Santos” y siendo un grupo tan grande (51 personas), aunque iba como acompañante de otro compañero –Mn. Ignasi, de Sant Celoni- temía también que la responsabilidad de la atención espiritual (y también material) del grupo, no nos dejara a nosotros “gozar” de la peregrinación. Juntos optamos por un viaje largo -10 días- y ver Tierra Santa, pero también otras realidades de Israel (En Ruth Travel os informarán al detalle, por no extenderme). Primero Galilea, una pausa de una tarde en el Mar Muerto, que nuestro cuerpo agradeció mucho y no rompe en absoluto el clima de peregrinación, pero refuerza los lazos del grupo en otros sentidos. Y por fin subir a Jerusalén. Antes de empezar el viaje pusimos una condición. Conocía a una guía de referencias y la había oido hablar. Es judía, de Jerusalén, conoce el Antiguo y el Nuevo Testamento; psicóloga, además de otras carreras. Con un humor un tanto especial –puede sorprender al principio-; pero íbamos con ella o no había viaje. Deciros brevemente, porque el espacio es corto, que nunca he oido hablar con tanto respeto y conocimiento de Jesús, María y los Lugares Santos a un guía turístico. Hemos hablado con ella de todo: de lo espiritual y material, de lo social y político. Hemos reido, cantado y llorado. “Aprendimos” de ella y sus palabras. No volvería a Tierra Santa con otra guía, sino fuera inevitable. ¿El tiempo? Hemos tenido de todo un poco. Ha llovido hasta en el desierto, viento, nubes y sol. Frío y calor. ¿El grupo? Obedientes, ordenados y respetuosos. ¡Y éramos 51 personas! No llegamos tarde a ningún sitio por tener que “esperar” al o a la de turno. Había conciencia de grupo y vivencia de parroquia que peregrina. ¿La experiencia? No tengo palabras: única, irrepetible, intensa, vivencial, espiritual y lo más importante: feliz. Es la palabra que mejor resume mi sentimiento en esta peregrinación. Gracias a mis compañeros y amigos, Mn. Ignasi y Carlos, seminarista en Sant Celoni; gracias al grupo por ser como era y por respetarnos y ayudarnos mutuamente. Gracias a Ronit, la guía, no por dar lo mejor de sí, sino por darse a todos y cada uno de nosotros. Gracias a Ruth Travel por atender todas nuestras peticiones. Hoy, después de haber vivido Tierra Santa e Israel, creo que ningún cristiano tendría que dejar de viajar a Jerusalén una vez en la vida.... yo, cuando pueda y me lo permitan... volveré. Seguro, aunque queda en las manos de Dios.
Mn. Juan José Recasens.